LEPRA EN COLOMBIA

La lepra llegó a América hace 500 años e ingresó a Colombia por el Puerto de Cartagena.El 16 de diciembre de 1592 el cabildo de Cartagena ordenó la  Construcción del Hospital de San Lázaro para albergar a los enfermos que habían sido albergados a las afueras de la ciudad.
 
  HOSPITAL DE SAN LÁZARO 

 Lugar de apostolado de San Pedro Claver desde su llegada a Cartagena en 1615. 

  1740: 160 enfermos registrados.  

 La población de Cartagena no sobrepasaba los 2 mil habitantes. 

  1784: Cédula Real ordenando el traslado del hospital a la Isla de Tierrabomba. 

  Sólo hacia 1806 empezó a funcionar en el nuevo asentamiento “Caño de Loro”.

 Mediante la recopilación y análisis de leyes nacionales y regionales, la revisión de archivos eclesiásticos y publicaciones médicas, se reconstruyó el manejo que se dio a la lepra, dentro del ejercicio de la higiene pública, en Boyacá y en Colombia, durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, para determinar el papel del Estado, la medicina y la iglesia, principales actores del proceso de creación del Lazareto de Boyacá.

 En la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, Boyacá aparece como una de las regiones mas pobladas en Colombia. En una época de guerras civiles y migraciones y caracterizada por una preocupación en particular: la lepra. Que, por el número de enfermos, su manejo y estar ligada a la situación de guerras, miseria y hambre que sufría el país, motivó la discusión, análisis y controversia por parte de: la medicina, el Estado y la iglesia para aislar a los leprosos.

  Muchos datos estadísticos de la época señalaban a la lepra como un mal que se expandía peligrosamente por Colombia, y a Boyacá como una de las regiones más afectadas; por último, en 1916, se reconoció que Colombia no era la primera potencia leprosa del mundo, ni Boyacá un inmenso lazareto como se llegó a afirmar nacional e internacionalmente, lo que puso en peligro la agroexportación y la inmigración al país por miedo a la lepra.

  A. Hansen, en 1899, consideraba el número «fabuloso», en comparación con los 600 leprosos existentes en Noruega, país nada tropical, que había sido calificado como el más leproso de Europa: «no quiso absolutamente creer que pudiera haber un número tan extraordinario de elefancíacos en una nación que apenas tiene poco más de 4 millones de habitantes» . «Cuando menos se piense Colombia será una inmensa leprosería», sostenía el académico de la medicina Lombana Barreneche, en 1903 .

La imagen de miles de leprosos abandonados por el Estado a causa de la Guerra de los Mil Días, que se encontraban deambulando por los caminos de Colombia, se internacionalizó rápidamente. En el primer año del siglo XX, en Francia, en la Exposición de París, de 1901, aparece Colombia como el país con más casos de lepra en todo el continente americano: «la parte correspondiente a Colombia en el mapamundi estaba señalada con una gran mancha amarilla, como la gran leprosa del continente americano» .

En 1904, el Presidente Rafael Reyes manifiesta que la lepra es un problema más importante para el país que el ferrocarril o que la educación pública, problema que se debía solucionar prontamente o sino Colombia se convertirá en «una inmensa leprosería de la cual huirá la humanidad». Afirma el Señor Presidente Reyes: «este asunto es para mi país más importante que el papel-moneda, que los ferrocarriles, que la instrucción pública y que cualquier otro, y solamente comparable en su importancia, a la conservación de la paz… El dilema es acometer y coronar esta obra en la forma dicha, o que Colombia sea dentro de pocos años una inmensa leprosería de la cual huirá la humanidad como de tierra maldita» .

En septiembre de 1904, el Presidente Reyes envía al Congreso una circular urgente con el fin de «extirpar la lepra» por medio del aislamiento de los enfermos: «ha llegado el momento de que el Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo y la Nación entera se unan… con el objeto de acometer la obra nacional de extirpar la lepra por medio del aislamiento de los enfermos en lazaretos». Comunica el Presidente a los congresistas la opinión del doctor Sauton sobre la exageración en el número de leprosos: «Aunque el mal ha tomado en nuestro país proporciones alarmantes, no es en él mayor que en otras naciones tropicales, según el estudio que ha hecho en el Cauca el doctor Sauton… encontrando así ocasión de rectificar la opinión que, anteriormente había expresado de que Colombia era el país más atacado por la lepra».

  La exageración sobre leprosos en Colombia alcanza la increíble cifra «de más de 60.000» en un país de 5 millones de habitantes, causa fuerte reacción del Presidente Reyes, tras la aparición de una publicación en un diario de Nueva York, el 4 de agosto de 1906, que afirmaba que existían más de 60.000 leprosos en Colombia. El Presidente Reyes, preocupado por el efecto que estaban causado la imparables exageraciones en el número de leprosos, que atribuye al padre Evasio Rabagliati, envía una circular a todos los embajadores y cónsules de Colombia, acompañado de un concepto del doctor Julio Manrique, médico jefe de los lazaretos nacionales, pidiendo que el periódico rectifique.

La lepra se vio como obstáculo al proceso de modernizar el país, como problemas para exportar productos agrícolas y a la inmigración, lo que favoreció las políticas de aislamiento, la abundante legislación, la creación de lazaretos, el control estatal de ellos y el gasto en lepra de la mayoría del presupuesto de la higiene pública.

Las decisiones del Estado, evidencian el progresivo cuidado médico de la lepra y los lazaretos así como el diagnóstico bacteriológico de la enfermedad en el campo de la higiene pública en Colombia, y desplaza la medicina a la iglesia de este campo. La descripción del bacilo por Hansen, reafirmó el carácter infecto-contagiosa de la lepra, impulsando el aislamiento en lazaretos.

Las cifras se exageran en Boyacá, porque elevan a 10.000 y más el número de leprosos, a principios del siglo XX, con el fin de estimular la caridad cristiana, justificar la creación del lazareto de Boyacá y recoger fondos. Esta exageración, terminó perjudicando al lazareto de Boyacá.

La lepra es vista por los médicos, en la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX, como una enfermedad de la pobreza, rural, que se asocia con las guerras, el desplazamiento forzado, el hambre y la miseria, a la dieta y el clima, multicausalidad, que se reemplaza por la unicausalidad microbacteriana, que atribuye un único agente causal de la lepra: el bacilo de Hansen.

La historia de los miles de leprosos y las historias de los miles de anónimos colombianos y colombianas, muchos de ellos boyacenses, muchos de ellos pobres, que fueron perseguidos y aislados en los lazaretos, por ser sospechosos de ser leprosos, y la historia de los que se hicieron pasar por leprosos, para recibir un subsidio del Estado, antes de contarse con un diagnóstico bacteriológico, está por escribirse.

Un siglo después, al comenzar el siglo XXI, la lepra es una enfermedad que no produce tanto interés entre los médicos, ni entre los gobernantes, ni entre los sacerdotes, enfermedad, hoy de fácil diagnóstico, que puede ser controlada y aun erradicada sin aislar a los leprosos. El Departamento de Boyacá, en el 2002, presentaba un prevalencia de lepra de 1 por cada 100.000 habitantes, con 17 casos, 8 nuevos .

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