OTROS LAZARETOS

La historia de Agua de Dios es inmensa, llena de anécdotas y hechos que han ocurrido a través de 132 años de existencia, de una historia que se dividió en 1961 con la Ley 148. Han sido dos caras opuestas, la primera compuesta de medidas drásticas contra el enfermo de Hansen y la segunda de una libertad que rompió la opresión de quienes dictaban toda clase de normas en contra de gentes humildes .

Para llegar a Agua de Dios se puede partir de la Terminal de Trasportes de Bogotá, en el sector de Puente Aranda, la empresa Cooveracruz ubicada en el sector dos de la Terminal despacha buses con cierta frecuencia, el viaje dura entre tres y cuatro horas dependiendo del vehículo, del conductor y de la vía que se tome.

El viaje de ida fue por la vía, Soacha, Granada, Silvania, Fusagasuga, Melgar, Ricaute, Girardot, Agua de Dios. Al partir de Bogotá en mis pensamientos revoloteaba la idea de un Agua de Dios que durante años he creado en mi mente, todo comenzó con aquellas narraciones de mi maestra, luego con las lecturas fui construyendo en mi imaginación un pueblo legendario quedado en el remoto pasado, un pueblo de dolor y desesperanza, de lamentos y tristezas, ruinas y abandono; lo que en mi imaginación existía no era un pueblo sino el lugar donde la noche se convierte en el soportal para morir, es ese lugar del mundo donde se resiste el dolor de agonizar a solas con la incertidumbre de haber ganado el cielo al partir de este aterrador averno.

La carretera serpentea por el sector del Sumapaz en descenso por las laderas occidentales de la Cordillera Oriental rumbo a la región del Alto Magdalena, cuando ya comienza a sentirse el cansancio del viaje y el calor canicular descongela el frio que los cuerpos llevan de la sabana bogotana, la carretera se torna plana, es el paso por Melgar y más adelante Giradot después de haber pasado de largo por un sitio que anuncia “Agua de Dios 16 kilómetros”. De Giradot se retorna pasando por Ricaurte y ahora si se toma el ramal a nuestro destino.

Una estrecha carretera bien pavimentada entre fincas cultivadas de sorgo, pequeñas ganaderías y humildes casitas, conforman el paisaje ardiente y seco que de repente desemboca en un pueblo tan igual a cualquiera de los de nuestra época, con construcciones que datan de la época entremezcladas con las nuevas casas todas en calles adornadas con árboles que dan fresco abrigo al visitante. Llego al parque Luis A Calvo y allí se destruye ese pueblo mítico que se había construido en mi imaginación para encontrarme con la realidad de una población de gente como nosotros que sólo busca que se le reivindique el derecho de ser reconocidos como ciudadanos de un país donde todos deberíamos ser tratados como iguales.

Pero, “¡Qué lugar tan bello! El Lazareto está todo rodeado de montes y colinas deliciosas; espesos bosques y verdes prados alegran la mirada en cuanto el horizonte abarca. Hay sitios verdaderamente encantadores, y extensos valles que, si se cultivasen, serían fertilísimos. Pero… ninguno quiere venir aquí: la lepra espanta a todos. En Bogotá, que dista tan poco de estos infelices, al hablar de la lepra, ¡Ave María! se espantan, tiemblan de miedo, y no quieren ni oírla nombrar. Quien viene a este Lazareto es objeto de pública admiración. Por eso no es fácil que yo vuelva a Bogotá. Un viaje de tres días en mula puede ser bello, si se quiere, pero bajo un sol abrasador no ofrece muchos atractivos para decidirse uno a dar tal paseo: y además, temería tener que hacer cuarentena antes de entrar en la capital.” Así describió el lugar el padre Miguel Unia cuando entró al Lazareto con el fin de acompañar a los enfermos para llevar a cabo allí su apostolado.

Jhon Jairo Sánchez Rodas, es el Coordinador de turismo en Agua de Dios y Coordinador de proyectos en Corsohansen, una ONG cuyo objeto es promover campañas de sensibilización que permitan prevenir y eliminar el estigma y la discriminación relacionados con la enfermedad de la lepra, para que el enfermo, su familia y su entorno social gocen de una vida digna. Sánchez, al igual que cualquier habitante de la población, tiene sus antecedentes familiares en enfermos que llegaron allí a pasar sus últimos días y de paso dejaron su descendencia, además es un apasionado por la historia de su pueblo y detalle a detalle me narró acontecimientos, fechas, anécdotas y vida de los personajes, me contactó con otras personas y me guió por los sitios que representan hitos y cuentan historias por sí solos.

La lepra era una enfermedad considerada incurable y contagiosa, por eso el enfermo era sometido en los lazaretos al exilio epidémico ordenado por el Estado colombiano hasta la década de los sesenta del siglo XX, en Colombia existieron tres que estaban ubicados en la isla Caño de Loro en Cartagena, Contratación en Santander y Agua de Dios en Cundinamarca. En 1950 se cerró el lazareto de Caño de Loro y los pacientes fueron trasladados a Agua de Dios, a donde llegaron desarraigados de su tierra y recibidos como si se tratara del mismísimo demonio. Cuenta la tradición oral que cuando llegaron los costeños a Agua de Dios, era prohibido pasar por la calle donde se habían ubicado porque por allí estaba el diablo, esto no era más que el contraste de la alegría caribeña con su música y su forma de vestir, con la pasividad de las personas procedentes en su mayoría de las regiones andinas. Parece ser que los costeños al llegar aquí prefirieron danzar antes que morir en vida.

La lepra es tan antigua como la civilización, igual el tratamiento a los enfermos fue de desprecio en todas las culturas, el siguiente texto de la época medieval da cuenta del tratamiento al leproso, “Te prohíbo entrar a la iglesia o monasterio, feria, molino, plaza de mercado, o estar en compañía de otras personas. Te prohíbo salir de tu casa sin tu traje de leproso, para que uno te reconozca, y que vayas descalzo. Te prohíbo lavar tus manos o lavar algo tuyo en el riachuelo o en la fuente, y nunca beber; y si deseas agua para tomar; recógela en tu cuba o tazón. Te prohíbo tocar cualquier cosa que regatees o compres, hasta que sea tuya. Te prohíbo entrar a una taberna. Si quieres vino, ya sea que lo compres o te lo regalen, haz que lo viertan en tu cuba. Te prohíbo, cuando vayas por el camino y encuentres a alguien que te habla, dejar de ponerte a favor del viento antes de contestar. Te prohíbo ir en fila apretada, de tal manera que si encontrases a alguien, él no pueda contagiarse de la aflicción que tienes. Te prohíbo, si vas por una vía pública, tocar un aljibe o el cordel, a menos que te hayas puesto los guantes. Te prohíbo comer o beber de otros platos diferentes a los tuyos. Te prohíbo beber o comer en compañía, a menos que sean leprosos”. (Ex veteri codice S. Albini Andegavensis (n.d.). en Martene, cols. 1005-1006. Citado por Saul Nathaniel Brody, The Disease of the Soul: Leprosy in Medieval Literature Ithaca: Cornell University Press, 1974), pp.66-67).

Los orígenes de Agua de Dios se remontan a 1870 cuando un grupo de 60 enfermos de lepra desterrados de Tocaima, llegaron al territorio y se bañaron en el lugar conocido como Los Chorros y dijeron “estas si son aguas de Dios” y se quedaron ahí para siempre. Se denomina Los Chorros a un pequeño bosque catalogado por la Corporación Autónoma Regional –CAR, como el único bosque de selva tropical seca que queda en la zona andina, allí se conservan algunas especies centenarias y unos ocho manantiales, dice la leyenda que allí existía el pozo virginal donde las doncellas notables que perdían la virginidad iban allí a las doce la noche para tomar un baño especial que recuperaba las propiedades perdidas.

Luego el Estado de Cundinamarca creó lo que en ese entonces se llamó la aldea de Agua de Dios, se contrató a Caupolicán Toledo, para que construyera las primeras 40 casas para los enfermos de lepra, un tambo para el servicio religioso y las casas para el cura y el administrador, construcciones que se levantaron en lo que hoy es el marco de la plaza. Así comienza Agua de Dios, hoy es un municipio prospero de 37 barrios, 14 veredas y 13.860 habitantes.

Al llegar a Agua de Dios los enfermos entraban en una perpetua prisión, cuando los Nazis empezaron a armar los campos de concentración éstos ya existían en Agua de Dios. Para evitar que los enfermos se escaparan del lugar o que personas sanas llegaran allí en busca de sus familiares, bajo el Gobierno de Rafael Reyes, con el pretexto de formar cordones de seguridad, se ordenó rodear el pueblo con una cerca de 15 hiladas de alambre de púas, la vigilancia exterior estaba a cargo de la Policía Nacional y al interior lo hacía la Policía Enferma. El gobierno de Reyes fue uno de los más crudos en la implementación de políticas para el tratamiento de la lepra, pero también fue él quien institucionalizó el subsidio de tratamiento para los leprosos llamado por los pobladores la “guayaba” o la “ración”, se trataba de un auxilio que les daba el Estado como compensación a la perdida de los derechos ciudadanos ya que quien llegaba al Lazareto perdía el derecho a heredar, a testar, a vender, a comprar, perdía toda condición civil, era algo así como morir en vida. Aun hoy existe este auxilio como una pensión vitalicia equivalente a un salario mínimo.

Si salir del lazareto era imposible, ser enviado allí era fácil, no importaba la clase social o el poder político que se tuviera, bastaba ir a consulta médica por cualquier dolencia, si por casualidad el médico diagnosticaba o simplemente sospechaba que se trataba de un enfermo de Hansen, lo que hacía era entretener al paciente mientras disimuladamente llamaba los policías, inmediatamente éstos venían y se lo llevaban a un sitio especial de donde eran luego trasladados a la estación de la Sabana y despachados sin regreso a Agua de Dios.

Esta forma de proceder sin fundamento en diagnósticos serios, según lo cuenta Jhon Sánchez, sirvió para que muchos fueran enviados allí sin tener la enfermedad, fue una forma que utilizaron para sacar del camino a quienes fueran obstáculo para algunos interés como se supone sucedió con el poeta y político Adolfo León Gómez, autor de “Las Noches de Agua de Dios”.

“Toda persona o cosa que ingresará o saliera debía pasar por la Casa de Desinfección – relata Sánchez-  todo lo que ingresaba o salía debía pasar por ahí, las cartas se pasaban por un autoclave donde eran esterilizadas, cuando la carta salía del autoclave quedaba apostillada como “Lazareto de Agua de Dios” los cigarrillos debían ingresar destapados, nada entraba sin pasar por el control de la Policía externa, no se permitía la entrada de licor, entonces en la periferia del cerco surgió el contrabando del chirinche y es ahí cuando aparece la leyenda del “Cura sin cabeza”, y era una persona que durante la noche se ponía una sotana y se amarraba a la cabeza una canasta llena de licor, por eso cuando caminaba todo el mundo espantado corría pensando que se trataba de un cura sin cabeza”.

El régimen represivo en las lazaretos fue eliminado en 1961 y se cambiaron los hospitales de reclusión por sanatorios, esto fue después de que la ciencia demostrará que el vacilo de Hansen se desarrolla en condiciones de insalubridad, desnutrición, hacinamiento y extrema pobreza. Se trata de una enfermedad infecciosa que sólo puede ser trasmitida de una persona enferma a una que tenga bajas las defensas, no se trasmite por contacto fisco, ni por relaciones sexuales, la enfermedad por sí sola no es contagiosa, son las condiciones de higiene las que hacen que las personas sean vulnerables a la enfermedad. Según datos del Ministerio de la Protección Social, el número de enfermos ha disminuido 90 por ciento en los últimos 17 años, hoy el 80 por ciento de los enfermos, que en la actualidad son 950, están concentrados en Atlántico, Bogotá, Bolívar, Cesar, Huila, Magdalena, Meta, santanderes, Tolima y Valle del Cauca. Las autoridades sanitarias registran con preocupación el caso de Cartagena que pasó de 25 casos en el 2005, a 40 casos en el 2008.

 

En 1976 el músico compositor Carlos Vieco, visitó Agua de Dios, hecho que él mismo calificó como su viaje mejor y más impresionante. “Fue la apoteosis: en la iglesia, en el hospital, en la plaza, en la escuela, en todas partes querían los enfermos y sus acompañantes que interpretáramos la canción. Llanto, besos, abrazos, batir de pañuelos, todo aquello, repite el maestro, se me quedó grabado en el alma. Era la demostración de ese pueblo que se sintió vaciado, interpretado, vivísimo, en las estrofas de Adolfo León y en mi música”.

Efraín Oyaga Díaz, quien trabajó con el ministerio de Salud en el área de producción audiovisual y como supervisor nacional del programa de lepra, nació en la isla de Caño de Loro, aunque para evitar el estima figura registrado como de Barranquilla, ahora reside en Agua de Dios donde realiza un programa de televisión que emite por el canal local y por la Web para contarle al mundo la existencia de Agua de Dios, “el único territorio conformado por toda la diversidad de razas y culturas del país, condición que lo hace un pueblo diferente incluso en la manera de hablar porque aquí no se escucha el acento costeño, ni el paisa, ni el rolo, a pesar de conservarse aún su organización de colonias”, según lo describe el mismo Efraín.

Su madre Dilia Díaz de Oyaga, Barranquillera, y su padre José Luís Oyaga, Monposino, ambos enfermos de lepra fueron expulsados de sus pueblos y refugiados en Caño de Loro donde vivían segregados pero en condiciones menos duras que las de Agua de Dios, porque allí tenían más contacto con Cartagena y un pueblito llamado Loro Sano, tenían horizontes más amplios, tenían el mar y un lindo paisaje. Después cuando Caño de Loro fue bombardeado los enfermos fueron traslados a Agua de Dios, donde también perdieron todos los derechos civiles. “Este fue el primer estado comunista que yo conozca, dice Oyaga, aquí todos los elementos eran del Estado, el enfermo no poseía nada, el bombillo, el agua, la cama, la casa, todo era del Estado y no existía la propiedad privada, la moneda era especial y también le pertenecía al Estado”.

Agua de Dios no es lo que la gente piensa, lo más mágico de la historia como lo dice el himno es que “quien llegue encuentra alivio a su dolor” los pacientes de Hansen se refugiaron en las letras, en la música, en la poesía, en el periodismo y en la pintura, es ahí donde surgen figuras que dejaron huellas indisolubles como Adolfo León Gómez, Luís A Calvo, Rosa Restrepo Mejía, Adriano Páez, Carlos Muñoz Jordán y un sinnúmero de artistas que le dan nombre a esta tierra.

Luis A Calvo enfermó de lepra en 1916 y fue recluido en la que él llamó “La ciudad martirio”, aunque su obra cumbre, el Intermezzo Número 1, no lo compuso allí, parece ser una premonición a lo que le esperaba. Allí en el sanatorio, Calvo enseñó piano a los jóvenes enfermos y fue allí donde escribió gran parte de su obra musical como “Tu y yo”, dando cuenta de su estado de tristeza: “Vos vivís en la luz perfume respirando Y sois naciente aurora y yo postrer fulgor. Adiós por siempre, adiós, digámonos callando, Pues yo soy el pesar y vos sois el amor…”

Por norma general la Policía Nacional no entraba al gueto, si lo hacían era para entrar a las casas de las personas en busca de niños sanos y si los encontraban se los llevaban, para evitarlo los niños eran escondidos en los techos de las casas de las personas solteras a donde se sabía que la Policía no entraba, Jhon Jairo Sánchez, relata cómo su tío fue disfrazado de niña y cubierto con vendas simulando ser una niña leprosa y así se salvo de que se lo llevaran.

En el Hotel Los Fundadores, Miguel Antonio Melo Pérez, ex alcalde de la población, aprovecha la llegada de sus huéspedes para narrar la historia de su patria chica, que a la vez es la suya propia “Agua de Dios es una población que se formó con los enfermos de lepra traídos de todos los rincones del país, aquí vinieron chocoanos, costeños tanto del Atlántico como del Pacifico, santandereanos, llaneros, del sur del país, del Tolima grande, del viejo Caldas, los antioqueños y los de la región cundiboyacense. Aquí se formó una multiculturalidad, los enfermos se organizaron en colonias y eso nos ha dejado una gran riqueza porque Agua de Dios es el reflejo de nuestra nación, aquí se mescló la alegría y el swing caribeño con la cadenciosa danza del chocoano, con el sentimiento de libertad llanera, con el empuje paisa y con la cadencia suave del Tolima”.

“Quien lo creyera, continua narrando Melo, pero quizás fue el temor a la lepra lo que sirvió para que el municipio no fuera afectado por la violencia, como dicen, no hay mal que por bien no venga, además aquí tampoco hay caldo de cultivo porque es un pueblo donde a pesar de haber pobreza no existe la miseria. Antes de la nueva Constitución existían las colonias que recibían recursos de las gobernaciones, incluso está el caso de la colonia antioqueña que recibió vivienda para cada una de las familias enfermas residentes en Agua de Dios”.

“Aquí los que éramos hijos de enfermos nos enviaban a estudiar a un internado especial y no nos dejaban tener contacto con nuestros padres, aun después de 1961 cuando ya era permitido salir no se podía decir que uno era de Agua de Dios porque era discriminado, pero a pesar de todo, de la lepra nos queda algo bueno, aquí todos somos iguales sin distinción de clases sociales”, concluye Melo.

Gilma Jaramillo, posiblemente del Oriente Antioqueño, tal vez de Cocorná, en su juventud ganó el reinado en su pueblo, con tal desgracia que a los pocos días de recibir la corona le diagnosticaron lepra y de inmediato fue enviada al Lazareto de Agua de Dios, allí murió hace poco en total abandono, a pesar de ser persona que por su apariencia debió ser de familia notable, esto lo concluyen en Agua de Dios porque vivía en una de las mejores casas de la población.

Para Jhon Jairo Sánchez “presentar a Agua de Dios es presentar su historia, hay que contar toda su tragedia, el mismo himno la cuenta “Somos hijos de toda Colombia…” también la cuenta el escudo que tiene la cerca y las notas del intermezzo, la cuenta la letra de “Las noches de Agua de Dios”, aquí queremos que la gente conozca nuestra historia”, y hace una analogía entre Cien Años de Soledad y Agua de Dios, habla con pasión, “Aquí hay historias muy bellas, en octubre 24 de 1931 aparece la Junta de notables del pueblo que convocó a la población a revelarse contra las medidas que se estaban tomando violentando los derechos del pueblo, la gente se sublevó y el saldo final fue de nueve muertos entre los que estaba el bobo del pueblo, este hecho fue plasmado en una escultura en forma de  árbol con nueve gajos cercenados como homenaje a los nueve muertos”.

Así son las historias en Agua de Dios, macondianas, allí quedaron sueños, anhelos, ilusiones y recuerdos de miles de compatriotas, allí están enterrados en el cementerio donde sobresalen tumbas y más tumbas con epitafios que datan de años y años de historia.

Pero Agua de Dios es un sitio para visitar, su clima, su gente, su paisaje y su encanto atrapan al turista, su patrimonio histórico es la riqueza de esta población, hoy hay que ir allí para recuperar la memoria, pero sobre todo como un símbolo de reparación para un pueblo que sufrió tantos años de injusticia,  de estigmatización como la ciudad donde sólo se llegaba a morir, error que la ciencia se encargó de corregir al demostrar que el  paciente de Hansen es un enfermo que no representa peligro para vivir en sociedad y debe ser tratado con dignidad. Por eso hoy los enfermos ya no van a los lazaretos sino que son asistidos en sus propios hogares.     

El Puente del Suspiro

Vía Tocaima, Apulo, Anapoima, La Mesa, El Colegio, Soacha, Bogotá. El límite de Agua de Dios con Tocaima lo marca el “Puente del Suspiro”, dicen que cuando los enfermos cruzaban este puente emitían aquí el último suspiro de la vida, porque a partir de ahí, quizás un poco más abajo, estaba la cerca que los aprisionaría para siempre muertos en vida.

Quise imaginar los días y las noches del Agua de Dios de hace 100 años, traté de desdoblarme en el tiempo, quizás allí en “la ciudad del dolor” no habían amaneceres ni atardeceres, tal vez en noches de luna llena ésta salía por el oriente, como también hoy lo hace, con un aspecto mucho más grande que en otras partes de Colombia, la forma de su geografía se presta para estas apreciaciones, los amaneceres podrían ser hermosos, no más ver que poco a poca la silueta de la cordillera se va iluminando y detrás de ella  sale el sol es suficiente para decir que allí hay bellos amaneceres y atardeceres, pero no, el dolor no dejaba tiempo para lo bello allí “las estrellas del cielo por no llorar pestañan y las tristezas son el último adiós con aires de cementerio”.   

Aportes de:

Jhon Jairo Sánchez
Efraín Oyaga Díaz
Miguel Antonio Melo Pérez

 

La lepra llegó a América hace 500 años e ingresó a Colombia por el Puerto de Cartagena.   El 16 de diciembre de 1592 el cabildo de Cartagena ordenó la  Construcción del Hospital de San Lázaro para albergar a los enfermos que habían sido albergados a las afueras de la ciudad.

El Hospital de San Lázaro estaba ubicado en Getsemaní, en cercanías del lugar donde más tarde se construyó el Castillo de San Felipe. 

Construido en 1784, fue el primer  lazareto en Colombia.  Localizado en lo que hoy se conoce como la isla de Tierra Bomba.

El decreto del 21 de febrero de 1835 asignó el lazareto ubicado en Caño del Loro al Tercer Distrito correspondiente al norte de la nueva República.

En 1850 fue transformado en el lazareto provincial de Cartagena.

En 1861, con motivo de la conformación de la Confederación Granadina, el lazareto se convirtió en el lazareto del estado de Bolívar.

Fue clausurado en 1950 y posteriormente bombardeado por parte de la Fuerza Aérea Colombiana, FAC para no dejar ningún rastro de lepra en ese territorio.